Muchos no sabréis de qué estoy hablando, otros en cambio os sentiréis identificados.
Todos me advirtieron: "No te fies, la situación te acaba controlando." "Parece que lo tienes en tus manos pero cuando lo quieras frenar no va a poder ser." Y fue así, la enfermedad me controló a mi, no me gusta llamarlo "enfermedad" pero he de reconocer que lo es.
Todo empezó un día cuando me miré en el espejo del baño, me acuerdo perfectamente de la sensación de asco que sentí en ese momento, de la vergüenza que sentía hacia mí misma; era horrible ir de compras, siempre me ha encantado ir de compras pero odiaba pasarlo mal y un día me prometí a mí misma que no iba a permitir que la situación siguiera así, estaba harta de sentirme de esa manera cada vez que salía fuera de casa.
Yo siempre había estado haciendo dietas en centros dietéticos, bajaba mucho de peso pero luego volvía a recuperar todo, era horrible, era una tortura diaria, claro que esa tortura era una mínima parte de lo que me quedaba por pasar con mi cuerpo.
Decidí reducir la cantidad de comida, poco a poco la iba reduciendo más; mi dieta se basaba en verduras y pollo o pescado a la plancha sin una gota de aceite; se convirtió en una obsesión, tenía que ver como hacían mi comida porque no me fiaba, empecé a saltarme los desayunos, la comida de media mañana y las meriendas; solo hacía dos pequeñas comidas al día, intentaba llenar mi estómago con agua para evitar que sonara. La situación se me había ido de las manos. En unos meses había perdido 24 kilos, no tenía ropa que ponerme, en las tiendas las dependientas/dependientes me decían que no tenían talla para mí y acabé comprándome la ropa en una tienda de tallas de niños, la talla de 13-14 años usaba, y yo tenía 16 años, era patético. Pero yo me sentía orgullosa de mi misma cada vez que me subía a la báscula y veía que había perdido más peso, ahora se que no debía sentirme así porque sin yo saberlo me estaba matando poco a poco.
Siempre me habían dicho que de la anorexia nunca se sale, pero no es verdad, es cierto que te quedan secuelas a la hora de comer o no consigues sentirte del todo agusto con tu cuerpo, pero poco a poco eso se va llevando mejor, porque aunque hubiera seguido perdiendo peso jamás me habría sentido agusto conmigo misma.
Empecé a ir a un hospital del centro de Madrid donde eran especialistas en trastornos alimenticios, al principio me negaba a ir pero poco a poco me fui sintiendo mejor, mi psiquiatra me ayudó muchísimo y mi psicóloga también.
He de decir que ninguna mujer u hombre debe sentirse inferior por su aspecto físico o por no llegar a los "ideales que quiere esta sociedad", esos ideales son irreales, no puedes tener un cuerpo perfecto, porque hasta los modelos más delgados tienen photoshop, muchos de ellos se acaban retirando porque no les permiten comer nada y acaban siendo unos infelices.
¿Quieres ser un infeliz toda tu vida por complacer a una sociedad de la que solo vas a recibir críticas? Piénsate bien la respuesta porque condicionará el resto de tu vida. La mía ya la sé, no dejaré que los ideales de esta sociedad de mierda (con perdón) me atormenten o me hagan avergonzarme de mi cuerpo, porque vida solo hay una y quiero aprovecharla al máximo para vivirla siendo feliz.
Noches de insomnio
domingo, 22 de mayo de 2016
sábado, 21 de mayo de 2016
Hay que saber ver si es una cara o una máscara.
Cuando se empieza una relación al principio todos son nervios, tienes esa sonrisa tonta en la cara las veinticuatro horas del día, parece que te han inyectado una dosis de algo que hace que veas la vida de un color de rosa, que hace que veas a la persona que tienes a tu lado perfecta, de la que no cambiarías nada.
Los primeros meses de relación son siempre los mejores. ambos estáis locos el uno por el otro, queréis estar todo el día juntos, estas empezando una etapa nueva de tu vida, para resumir; estás en un punto que está en auge de tu vida.
No quiero decir que las relaciones sean maravillosas al principio y que luego se estropeen, porque muchas veces no es así, en mi caso voy a contar lo que a mí me pasó:
Yo estaba en una etapa muy mala de mi vida, estaba entrando en depresión y estaba en un punto muy grave de un trastorno de la alimentación; el chico del que me enamoré estaba en mi grupo de amigos, solíamos quedar todos juntos los fines de semana, celebrábamos cumpleaños, en fin, lo típico de un grupo de amigos. Nadie del grupo sabía que yo sufría este tipo de trastorno, ni siquiera yo era capaz de reconocer que lo tenía, me negaba a ello. Empecé a juntarme con este chico porque era muy amigo de mi mejor amiga por entonces, y como ya se sabe, el roce hace el cariño. Yo no estaba segura de si estaba preparada para tener una relación, y más con todos los problemas que estaba teniendo.
Este chico empezó a quedar conmigo por las mañanas para ir al instituto ya que le pillaba de paso pasar por mi casa; un día decidió lanzarse, me acuerdo perfectamente de mi cara de sorpresa, de mi reacción, me quedé sin palabras hasta que por fin salió una sonrisa profunda de mi boca. Ahí empezó mi infierno.
Ambos íbamos a la misma clase, compartíamos todo, nos ayudábamos en los estudios, parecía todo perfecto, pero de repente todo cambió, empezó a provocarse ataques de ansiedad para llamar la atención (cosa que yo pensaba que no era fingida), todas las semanas iba una o dos veces al hospital con él y me tiraba allí toda la tarde porque se lo llevaban en ambulancia desde el instituto. La cosa fue a más, empezó a fingir otros problemas psicológicos para llamar más la atención, mi familia me lo advirtió, ellos lo veían pero yo estaba cegada, tenía una venda en los ojos. Mis notas empezaron a bajar muchísimo, este chico me hacía sentir incapaz de conseguir mis metas, me hacía sentir inútil a la hora de estudiar y yo siempre había sido una chica de sobresaliente. Empezó a vigilarme el móvil, todos los chats, parecía que desconfiaba de mi cuando no tenía motivo alguno, empezó a separarme de mis amigos y de mi familia, empezó a anularme como persona. Tenía una dependencia de él que no era normal, dormía con el móvil pegado a la oreja por si le pasaba algo y necesitaba hablar conmigo.
Mi psiquiatra empezó a mandarme antidepresivos y relajantes musculares porque a raíz de todo eso empecé a tener ataques de ansiedad, se me cerraban los pulmones, estaba siempre en un estado de nervios y preocupación, tanto que me olvidé de los míos y de mí misma.
Quería dejarle, mis padres consiguieron que empezara a ver un poco de la realidad, pero el siempre me amenazaba con que se iba a suicidar si lo hacía; hasta que un día reuní el valor suficiente para decirle que ya no podía continuar con una relación así. Fue horrible tener que verle todos los días en clase, ver su casa desde mi habitación o cruzar por su calle.
Ahora puedo decir que soy libre, que he sido víctima de violencia de género, que me han maltratado psicológicamente hasta el punto de intentar suicidarme, pero aquí estoy después de tres meses, cada día mejor y con una sonrisa en la cara. Me he prometido a mí misma que jamás renunciaré a mi familia o a mi misma por estar con una persona y que sobretodo no dejaré que me anulen como persona.
Los primeros meses de relación son siempre los mejores. ambos estáis locos el uno por el otro, queréis estar todo el día juntos, estas empezando una etapa nueva de tu vida, para resumir; estás en un punto que está en auge de tu vida.
No quiero decir que las relaciones sean maravillosas al principio y que luego se estropeen, porque muchas veces no es así, en mi caso voy a contar lo que a mí me pasó:
Yo estaba en una etapa muy mala de mi vida, estaba entrando en depresión y estaba en un punto muy grave de un trastorno de la alimentación; el chico del que me enamoré estaba en mi grupo de amigos, solíamos quedar todos juntos los fines de semana, celebrábamos cumpleaños, en fin, lo típico de un grupo de amigos. Nadie del grupo sabía que yo sufría este tipo de trastorno, ni siquiera yo era capaz de reconocer que lo tenía, me negaba a ello. Empecé a juntarme con este chico porque era muy amigo de mi mejor amiga por entonces, y como ya se sabe, el roce hace el cariño. Yo no estaba segura de si estaba preparada para tener una relación, y más con todos los problemas que estaba teniendo.
Este chico empezó a quedar conmigo por las mañanas para ir al instituto ya que le pillaba de paso pasar por mi casa; un día decidió lanzarse, me acuerdo perfectamente de mi cara de sorpresa, de mi reacción, me quedé sin palabras hasta que por fin salió una sonrisa profunda de mi boca. Ahí empezó mi infierno.
Ambos íbamos a la misma clase, compartíamos todo, nos ayudábamos en los estudios, parecía todo perfecto, pero de repente todo cambió, empezó a provocarse ataques de ansiedad para llamar la atención (cosa que yo pensaba que no era fingida), todas las semanas iba una o dos veces al hospital con él y me tiraba allí toda la tarde porque se lo llevaban en ambulancia desde el instituto. La cosa fue a más, empezó a fingir otros problemas psicológicos para llamar más la atención, mi familia me lo advirtió, ellos lo veían pero yo estaba cegada, tenía una venda en los ojos. Mis notas empezaron a bajar muchísimo, este chico me hacía sentir incapaz de conseguir mis metas, me hacía sentir inútil a la hora de estudiar y yo siempre había sido una chica de sobresaliente. Empezó a vigilarme el móvil, todos los chats, parecía que desconfiaba de mi cuando no tenía motivo alguno, empezó a separarme de mis amigos y de mi familia, empezó a anularme como persona. Tenía una dependencia de él que no era normal, dormía con el móvil pegado a la oreja por si le pasaba algo y necesitaba hablar conmigo.
Mi psiquiatra empezó a mandarme antidepresivos y relajantes musculares porque a raíz de todo eso empecé a tener ataques de ansiedad, se me cerraban los pulmones, estaba siempre en un estado de nervios y preocupación, tanto que me olvidé de los míos y de mí misma.
Quería dejarle, mis padres consiguieron que empezara a ver un poco de la realidad, pero el siempre me amenazaba con que se iba a suicidar si lo hacía; hasta que un día reuní el valor suficiente para decirle que ya no podía continuar con una relación así. Fue horrible tener que verle todos los días en clase, ver su casa desde mi habitación o cruzar por su calle.
Ahora puedo decir que soy libre, que he sido víctima de violencia de género, que me han maltratado psicológicamente hasta el punto de intentar suicidarme, pero aquí estoy después de tres meses, cada día mejor y con una sonrisa en la cara. Me he prometido a mí misma que jamás renunciaré a mi familia o a mi misma por estar con una persona y que sobretodo no dejaré que me anulen como persona.
viernes, 20 de mayo de 2016
¿Por qué este título?
A muchas personas les debe pasar que llegan a casa después de un día en el que has vivido emociones, situaciones y experiencias, llegas cansado/cansada, tienes ganas de dormir, pero ¿Por qué de repente se te quita ese sueño que tenías y tus ojos se abren como platos? Porque tu cabeza no para de dar vueltas a lo que has vivido durante el día.
Este blog no lo he hecho para tener seguidores o por cualquier cosa que se os pase por la cabeza, lo he creado porque es la forma que he encontrado de desahogar todos mis problemas diarios, las situaciones tan intensas que vivo tanto buenas como malas, lo he hecho con la intención de poder sentirme mejor conmigo misma ya que en mi situación actual no puedo hablar con nadie sin ser juzgada y criticada. Supongo que mucha gente está en la misma situación que yo.
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