Cuando se empieza una relación al principio todos son nervios, tienes esa sonrisa tonta en la cara las veinticuatro horas del día, parece que te han inyectado una dosis de algo que hace que veas la vida de un color de rosa, que hace que veas a la persona que tienes a tu lado perfecta, de la que no cambiarías nada.
Los primeros meses de relación son siempre los mejores. ambos estáis locos el uno por el otro, queréis estar todo el día juntos, estas empezando una etapa nueva de tu vida, para resumir; estás en un punto que está en auge de tu vida.
No quiero decir que las relaciones sean maravillosas al principio y que luego se estropeen, porque muchas veces no es así, en mi caso voy a contar lo que a mí me pasó:
Yo estaba en una etapa muy mala de mi vida, estaba entrando en depresión y estaba en un punto muy grave de un trastorno de la alimentación; el chico del que me enamoré estaba en mi grupo de amigos, solíamos quedar todos juntos los fines de semana, celebrábamos cumpleaños, en fin, lo típico de un grupo de amigos. Nadie del grupo sabía que yo sufría este tipo de trastorno, ni siquiera yo era capaz de reconocer que lo tenía, me negaba a ello. Empecé a juntarme con este chico porque era muy amigo de mi mejor amiga por entonces, y como ya se sabe, el roce hace el cariño. Yo no estaba segura de si estaba preparada para tener una relación, y más con todos los problemas que estaba teniendo.
Este chico empezó a quedar conmigo por las mañanas para ir al instituto ya que le pillaba de paso pasar por mi casa; un día decidió lanzarse, me acuerdo perfectamente de mi cara de sorpresa, de mi reacción, me quedé sin palabras hasta que por fin salió una sonrisa profunda de mi boca. Ahí empezó mi infierno.
Ambos íbamos a la misma clase, compartíamos todo, nos ayudábamos en los estudios, parecía todo perfecto, pero de repente todo cambió, empezó a provocarse ataques de ansiedad para llamar la atención (cosa que yo pensaba que no era fingida), todas las semanas iba una o dos veces al hospital con él y me tiraba allí toda la tarde porque se lo llevaban en ambulancia desde el instituto. La cosa fue a más, empezó a fingir otros problemas psicológicos para llamar más la atención, mi familia me lo advirtió, ellos lo veían pero yo estaba cegada, tenía una venda en los ojos. Mis notas empezaron a bajar muchísimo, este chico me hacía sentir incapaz de conseguir mis metas, me hacía sentir inútil a la hora de estudiar y yo siempre había sido una chica de sobresaliente. Empezó a vigilarme el móvil, todos los chats, parecía que desconfiaba de mi cuando no tenía motivo alguno, empezó a separarme de mis amigos y de mi familia, empezó a anularme como persona. Tenía una dependencia de él que no era normal, dormía con el móvil pegado a la oreja por si le pasaba algo y necesitaba hablar conmigo.
Mi psiquiatra empezó a mandarme antidepresivos y relajantes musculares porque a raíz de todo eso empecé a tener ataques de ansiedad, se me cerraban los pulmones, estaba siempre en un estado de nervios y preocupación, tanto que me olvidé de los míos y de mí misma.
Quería dejarle, mis padres consiguieron que empezara a ver un poco de la realidad, pero el siempre me amenazaba con que se iba a suicidar si lo hacía; hasta que un día reuní el valor suficiente para decirle que ya no podía continuar con una relación así. Fue horrible tener que verle todos los días en clase, ver su casa desde mi habitación o cruzar por su calle.
Ahora puedo decir que soy libre, que he sido víctima de violencia de género, que me han maltratado psicológicamente hasta el punto de intentar suicidarme, pero aquí estoy después de tres meses, cada día mejor y con una sonrisa en la cara. Me he prometido a mí misma que jamás renunciaré a mi familia o a mi misma por estar con una persona y que sobretodo no dejaré que me anulen como persona.
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